Aborto en Latinoamérica : testimonios

Un condón que se rompe, un error de calculo, una cachada de una noche sin sentimientos ni recuerdos, una violación, un incesto, una equivocación… cualquier sea la razón, una mujer que se queda embarazada sin querer tiene su historia.

Casada, soltera, demasiado joven, demasiado vieja o simplemente porque no quiere, no ahora, no con él, no mientras estudia, no ahora que recién encontró trabajo… cualquier sea la razón, una mujer que quiere abortar tiene su historia.

Según la Organización Mundial de la Salud, en el 2017 tan sólo 61 países autorizan el aborto sin restricciones. 61 países. ¿ Sabes cuantos países hay en el mundo según la ONU ? 193. Si, leíste bien, tan sólo 1/3 de los países autorizan a las mujeres disponer libremente de su útero.
Seguimos un poco con las cifras. Según la OMS en el 2016, tan sólo 39,5% de las mujeres tuvieron acceso a un aborto libre.
Y el 100% de las mujeres quienes abortaron tienen su razón, su vida, su historia.

Me llamo Céline. Soy Franco-Portuguesa. Soy viajera. Soy mujer. Soy una mujer libre quien se enamora en cada país visitado. Tal como muchas mujeres de mi edad ya tuve problemas con condones, ya me acosté sin sentimientos ni recuerdos. Tal como muchas mujeres ya me asusté cuando no veía la sangre correr entre mis piernas. Entonces me pregunto : ¿Qué haría si me quedase embarazada en un país extranjero, en un país donde una mujer puede ir presa por decidir NO TENER hijos?

Esta pregunta viaja conmigo. Siempre. Afortunadamente aún no tengo que encontrar una respuesta.
Esa pregunta se la hice a tres viajeras europeas. Tres mujeres libres. Tres mujeres quienes se quedaron embarazadas en el extranjero, en un país donde una mujer puede ir presa por decidir no tener hijos.

  • Sarah conoció el infierno en Chile
  • Adeline jugó con la legalidad para abortar en Colombia
  • Clara cruzó una frontera para abortar en Argentina

 

Sarah, 24 años, vivió una pesadilla en Chile

Llegué a Chile para hacer un voluntariado de un año. Me enamoré del país (y de un Chileno) así que me quedé para un año más.

Era fin de semana. Nos habíamos ido de paseo y como sucede cuando dos jóvenes enamorados están a solas, tuvimos ganas de hacer el amor. No teníamos condones pero las ganas eran demasiado fuertes. Decidimos practicar el método del retiro.

Los días pasan, mi amor por Chile y mi Chileno crece ye crece cada día más. Está todo bien. Me siento algo cansada pero debe ser por el verano. A pesar del mar, el calor es insoportable en Antofagasta.
Tengo unos días de retraso. No me preocupo pero mi novio me pide hacer una prueba de embarazo. ¡Por la rechucha, estoy embarazada!

En seguida empezamos a buscar soluciones. Intentamos encontrar una píldora abortiva o por lo menos alguna organización que me pueda ayudar. Pienso en volver a Francia pero es imposible : no tengo ni dinero ni vacaciones. Además, ¿qué les diría a mis papás? No importa, encontraremos una solución.

Una tarde mis suegros me invitan a tomar once. Mi « suegro » saca una boleta de su bolsillo, me mira a los ojos y me pregunta : ¿Qué piensan hacer?
Silencio.
« Encontré esta boleta. Es de un test de embarazo. Entonces, ¿ qué piensan hacer ? »
Me pongo a llorar. Estoy devastada. Las hormonas me hacen llorar. El miedo me hace llorar. Me siento mal. Me quedo callada.
Mi « suegra » me dice volver al día siguiente. Me va a llevar a ver a una amiga suya, una matrona. Según ella « todo va a estar bien ».
No, nada está bien.

Al día siguiente vamos al consultorio. La matrona a cargo de las ecografías está de vacaciones. Su colega, otra matrona quien practica el aborto, me pide tenderme. Siento sus dedos en mi vagina. Siento sus dedos moverse. No quiero. « Seis semanas. Mañana salgo a las 16h. Pasa a buscarme. Te cobro 300 dólares. »

El calor me asfixia.
Mi novio me acompaña. La matrona se sube al auto. Indica el camino. Llegamos a su casa y le dice a mi novio quedarse a fuera. Lo miro como si fueses la última vez.
Pensé que me llevaba a su casa propia pero no. Es la casa de sus papás.
Me siento al lado de su viejo medio sordo. Su vieja me convide un vaso de jugo.
El calor me asfixia.
Minutos después vuelve la matrona. Me lleva a una pieza oscura. Hay muñecas, hay polvo, hay ropa por planchar, hay una cama tueca. Me siento en una silla de ginecología de los años 80.

La pesadilla empieza.
Sin anestesia siento los instrumentos dentro de mí. Siento que está raspando mi útero. Siento que sangro. Lloro. Me falta la respiración.
« ¡Cállate, ya no eres una niña! Mis padres están en la pieza de al lado » ¡Qué me importan tus padres!
Quiero que se pare. Quiero una pausa. Quiero sentir la mano de mi mamá en mi mano. Quiero ver a mi novio.
Me siento cada vez peor. Tengo vértigos. Se me baja la presión. Le digo. No me escucha. No le importa. Ella sigue con su tarea. La sangre sigue corriendo.
No sé cuánto tiempo habrá durado la intervención. Lloro. Me cuesta respirar. El calor me asfixia pero tengo frío. Estoy helada.
No me deja recuperar : « seca tus lágrimas y sonríe : mis padres no pueden saber lo que hago acá .»

A fuera mi novio me espera. Me subo al auto. Lloro como nunca he llorado en mi vida.

Hoy no tengo secuelas físicas del aborto. Hoy, las secuelas, las llevo en mi mente. Cada vez que hago el amor con mi novio siento el dolor del aborto. Siento el frío, el metal raspar mi útero. Sé que necesitaré ir al psicólogo para dejar de asimilar el aborto a una violación. Para dejar de asimilar las penetraciones a una violación.

Obviamente mi relación con mi novio ha cambiado. El también sufre. ¿Quién no sufriría al ver a su novia retorcer sus labios de dolor cada vez que hace el amor?

Mi voluntariado se termina dentro de 3 meses. No sé si mi novio querrá acompañarme a Francia. No sé si algún día lograré hacer el amor sin miedo ni dolor.

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Adeline, 26 años, en pareja, jugó con la legalidad para abortar en Colombia

Tenía 26 años, un novio y estaba enamorada pero no quería guardarlo. Conversé de la situación con mi novio francés, con quien estoy viajando. Para ambos era obvio : ¡no era el momento quedarse embarazada!
Busqué informaciones sobre el aborto en América Latina y hasta pensé devolverme a Francia. Pero no tenía el presupuesto para tal viaje.

Mi siguiente parada era Colombia. Pensé que sería más fácil encontrar una solución en Bogotá, la capital. Busqué informaciones en Internet y lo que encontré no era muy bueno : el aborto es ilegal en Colombia, excepto en caso de violación, malformación del feto o de algún problema de salud.
Seguí buscando y encontré el testimonio de una Francesa quien había abortado de manera ilegal en Colombia. Su historia es terrible pero no me desanimé y seguí buscando hasta encontrar una solución.
Después de horas y horas de búsqueda, encontré a la organización Oriéntame. Esta organización ayuda a las mujeres abortar de manera legal jugando un poco con los vacíos legales. En Colombia la ley dice que una mujer puede abortar si el embarazo compromete la salud de la mujer. La organización se apoya en los textos legales para afirmar que un embarazo no deseado puede ser peligroso, no tan solo para la integridad física sino también para la salud psíquica de la mujer.

Tomé hora de un día para otro.
Primero me atendió una persona quien se encargó averiguar mi identidad y comprobar si estaba segura de querer abortar. Todas las mujeres quienes me atendieron fueron demasiado amorosas y benevolentes.
Luego, llegó el médico. Me pidieron volver en la tarde para tomar las pastillas.
¡Listo! Nada más.

Después del aborto me ofrecieron colocarme un DIU (dispositivo intrauterino), sin cobro extra.
Aborté en Colombia. El aborto me costó unos 400 dólares.
Aún no les cuento nada a mi familia. No quería asustarles. Capaz les cuente cuando vuelva de mi viaje …

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Clara, veintitantos, tomó una pastilla del día después pero no funcionó

Cuando descubrí que estaba embarazada, estaba en un pueblo chiquito del sur de Chile.
Unas semanas antes de mi llegada ahí había tomado una pastilla del día después. Pensaba estar tranquila pero de a poco empecé a sentir los síntomas del embarazo.
Fui al consultorio a hacer una prueba de embarazo. Las dos señoras de turno me felicitaron. Luego, vieron mi cara descomponerse. Entendieron y me dijeron « Sabes, en Chile no hay opciones. Sería más fácil para Usted devolverse a su país o cruzar la frontera. Allá también es prohibido pero sabemos que se hace. »

En seguida llamé a una amiga mía cuya familia vive en Argentina. Me dijo : « no te preocupes, no es oficialmente legal pero sí se puede hacer, todo el mundo lo hace. Vamos a encontrar una solución. »
Colgué.
Llamé a mi novio chileno. O sea, ni eramos novios, andábamos juntos no más. Creo. Digamos que era el inicio de nuestra historia. Vino a verme al sur, junto con mi amiga.

Busqué informaciones sobre el aborto en Chile y en Argentina. Hacerlo en Chile me pareció demasiado arriesgado ya que hasta el 2016 el aborto era ilegal sin excepción, ni siquiera si el embarazo fuese fruto de una violación.
Antes de llegar, mi amiga y mi novio contactaron a todos sus amigos de confianza. La verdad es que varios de ellos ya habían abortado.

Nos dieron el contacto de alguien que practicaba abortos en Argentina. Era una especie de organización semi-oficial quien ayuda a las mujeres que lo necesitan. Conversé mucho con ese señor. Descubrí que era ginecólogo por lo que me sentí en confianza.
Ya que tenía que viajar sola, a una ciudad desconocida, me ayudó en encontrar un alojamiento.

Cuando llegué a la consulta, quedé impresionada : era una clínica de ginecología super profesional, limpia y « normal ».
El médico me comentó que el presupuesto no era un problema. En su clínica ayudan a todo el mundo. Aquellos quienes pueden pagar, pagan. Aquellos que no tienen el presupuesto para abortar, lo hacen gratis. Yo tenía ahorros así que decidí cancelar el precio recomendado, unos 300 dólares. Soy bastante admirativa de esas personas.
El médico me agradeció explicándome que gracias a este dinero, podrán seguir ayudando a mujeres de bajos recursos.

En Argentina es legal abortar cuando el embarazo pone en peligro la salud de la mujer. La ley hace referencia a la salud física y psíquica de la mujer.
Antes de abortar tuve que llenar un documento en el cual explicaba que no podía tener a un hijo. No tenía ni casa ni dinero ni nada.
Me dieron dos opciones para abortar : la píldora abortiva o la aspiración.
Ya que no quería estar sola para hacerlo, pedí la aspiración : 10 minutos de intervención, 1 hora para averiguar si estaba todo bien y ¡listo!
La semana siguiente tuve que hacerme una ecografía de control. Estaba todo bien.

Abortar durante un viaje, a miles de kilómetros de su casa y en un país donde las mujeres luchan a diario para tener derechos es una experiencia que no le deseo a nadie.

Obviamente pensé volver a Francia para abortar pero iba a ser muy complicado : el presupuesto, cómo justificaría mi regreso, el miedo de llegar demasiado tarde, etc.

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Si quieres compartir tu testimonio de manera anónima, envíame un correo electrónico a voyagesduneplume@gmail.com

Si buscas organizaciones que te pueden ayudar, envíame un mensaje, capaz te pueda ayudar.

Es importante compartir testimonios para que los políticos y las personas que están en contra del aborto libre, legal y seguro entiendan que una mujer no decide abortar sólo porque si ; para que los hombres entiendan que una no se queda embarazada sola ; para que las mujeres ya no tengan que poner su vida en peligro para tener el derecho de disponer libremente de su útero.

Las mujeres no te esperaron para abortar. Así que no se trata de saber si estás a favor o en contra del aborto. Se trata de proteger a mujeres que mueren intentando ser libres.

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